La agroforestería, una práctica milenaria que combina cultivos y conservación
La agroforestería se presenta como una forma ancestral, económica y sostenible de trabajar la tierra, al combinar especies forestales con siembras y crianza de animales. Así lo indicó Alfonso Suárez Islas, profesor investigador del Área Académica de Ciencias Agrícolas y Forestales del Instituto de Ciencias Agropecuarias (ICAp) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).
El especialista mencionó que desde las chinampas aztecas hasta la agricultura migratoria —que se basa en aprovechar la selva o el bosque para enriquecer parcelas fértiles—, el campesinado mexicano ha entendido que el maíz crece de manera óptima cuando se cultiva en asociación con vegetación diversa, especialmente con frijol, calabaza y diferentes especies arbóreas. Gracias a este conocimiento tradicional, se logró la domesticación del tomate y de múltiples variedades de chiles.
Con la llegada de la colonización, se introdujeron nuevos cultivos como el trigo y la cebada, además de huertos frutales de clima templado. La incorporación de rumiantes como vacas, cabras y borregos dio origen al sistema silvopastoril, una técnica que armoniza los pastizales, el ganado y las zonas arboladas.
El profesor Suárez Islas resaltó que, aunque la agricultura intensiva de monocultivos ha aumentado debido a la necesidad de abastecer grandes poblaciones, el policultivo ha perdurado a lo largo del tiempo. Un ejemplo vigente de esto es el metepantle, una técnica que consiste en sembrar hileras de maguey entre las milpas para conservar la humedad y prevenir la erosión del suelo. Este modelo de coexistencia también se puede observar en los cafetales, donde el café se cultiva a la sombra de cítricos, plátanos, cedros o jinicuil, estos últimos fijan nitrógeno en la tierra y proveen leña.
Además, se destaca la plantación de especies como el cocuite o la chaca para crear cercas vivas sostenibles que delimitan predios, rompen las corrientes de viento y preservan la biodiversidad regional. Ante la relevancia de estas alternativas, el académico hizo un llamado a la conciencia: “Invito al público a indagar sobre el origen de sus alimentos y a optar por aquellos producidos mediante prácticas que conserven la flora, la fauna y las tradiciones. Consumir productos locales es elegir opciones más naturales frente a las que ofrecen los grandes supermercados; la humanidad enfrenta problemas severos que nosotros mismos hemos creado, y nuestras decisiones de compra son clave para solucionarlos”.
